Notas y mensajes

El Salto evolutivo hacia la integración de los opuestos

 Para un gran salto se necesita  un buen punto de apoyo.

Un verdadero trabajador de la nueva conciencia es un ser práctico, con los pies bien puestos en la realidad, que administra bien su economía, y su energía personal en proyectos coherentes, es austero, usa la tecnología para difundir su trabajo, cuida los recursos del planeta y fundamentalmente administra bien su energía personal

Sus ideales tienen que poder concretarse y rendir sus frutos. La nueva tierra no se construirá con pensamientos lindos. Hay que aprender a usar la tecnología de 5° dimensión: pensamiento cuántico, intención enfocada y acción coherente.

El tiempo lineal se ha roto, sólo se puede estar en el ahora.

Lo que no pudiste hacer hoy, quizá ya no lo hagas.

Ese tiempo mental de posponer lo que no se hizo hoy ya no existe.

Las demandas de tu ser en evolución piden que prestes atención al tiempo que dedicas en tu armonización interna para poder sostener los cambios vibracionales que vienen desde afuera, sosteniendo y comprendiendo una vez más las energías que nos rodean.

Revisa tus proyectos, cada vez tienen que ser más ligeros y efectivos.

Tienen que tener visión de futuro. Quedarse lamentando en el pasado, es energía muy vieja, es como intentar que el álbum de fotos de la abuela tomara vida. Ya fue, deja los recuerdos y sigue adelante.

Enfocar la atención en lo necesario para nuestra evolución personal, no hay tiempo para sostener los viejos modelos de vida.

Tener herramientas para estar sintonizados con las nuevas frecuencias vibracionales y así poder estar en el lugar indicado en el momento exacto. No habrá terremoto ni huracán que te dañen si estás en tu lugar asignado para sostener las nuevas frecuencias

Sintonizar la sabiduría interior para discernir el camino correcto.

Hay muchas falsas informaciones que intentan desviarnos, incluidos ciertos mensajes que se dicen de guías espirituales y no lo son.

En momentos de caos es preferible ser un observador neutral. Sostener e irradiar una actitud de equilibrio y pacificación interior y exterior.

Cuando las fuerzas están muy desbordadas, desde las acciones humanas no se las puede contener. Hay que elevar la frecuencia mental e irradiar neutralidad para recalibrar energías en conflicto.

Neutralidad no significa desentenderse de la situación. La neutralidad es un estado equilibrador donde no se toma partido, sino que se unen las partes.

Neutralidad. Mantenerse neutral es un requisito del trabajo espiritual para alinearse en las nuevas energías de restauración planetaria. Neutralidad no significa desinterés por las cosas. Requiere mantenerse sin juicio para comprender las situaciones desde una perspectiva más amplia y global.

Resguardar nuestra energía personal para usarla en lugares donde estemos seguros que se está creando la nueva conciencia de unidad y equilibrio entre hermanos.

Y sino quedó claro, lo decimos de otra manera: no pierdas tiempo en discutir, tratar de convencer a otros, o sostener una postura ideológica, Esas energías se agotan entre si porque son posturas del ego en la vieja energía

Los desafíos

El desafío de la incertidumbre (realidad cuántica).  La incertidumbre nos lleva a confiar para descubrir el propósito del alma. Es aprender a elegir desde la intuición.

La clave está en ir hacia nuestro interior para convertir la incertidumbre en certeza.

El desafío de saber plasmar el cielo en la tierra. No ir contra el viejo sistema, con criticar a quienes hacen las cosas mal según nuestro entender, no es la solución. Ahorrar energías en tratar de cambiar el viejo sistema y emplear nuestra valiosa energía en construir nuevas redes de sostén de las nuevas formas de vida. Somos sembradores del futuro

El desafío de integrar la dualidad en unidad.  Aquí está la clave del salto cuántico de la conciencia

El desafío de saber abrir el corazón.  No tiene que ver con el amor humano. Se relaciona con el cerebro del corazón. La Red de la Nueva Conciencia Planetaria se abre desde la geometría del corazón.

Ana María Frallicciardi